Ocaso

Pinceladas rojizas de un magistral artista
que se exhiben en el lienzo cielo
son la musa del céfiro que levanta
hojas muertas, más muertas que mis venas.

Hojas secas, como mi piel,
hojas quebradizas, no tanto como mis huesos.
Pinceladas rojizas que matizan
lo ofuscado de mis sueños.

Tierra agrietada, árboles viejos,
árboles, tierra, hojas y céfiro
aquí es donde me has dejado,
en un paraje desierto.

Aura caliente, hálito asfixiante.
Asfixiada me sentí cuando te fuiste,
cuando partiste dejándome
con nuestros sueños, ahora inasequibles.

En cuerpo cadavérico y frío
te has convertido.
En cuerpo cadavérico y frío
me estoy convirtiendo.

¿Por qué cuando más amas
la vida arrebata?
¿por qué cuando más odias
la vida se obstina?

Si me quedara una esperanza
de que él va a regresar,
mi espíritu rejuvenecería,
puesto que mi cuerpo ya está envejeciendo.

Ahora sólo me queda tu ocaso,
me quedan tus ojos melacólicos,
me quedan los matices rojizos
de nuestros sueños.

Y aquí, aquí sigo deleitándome
con el roce de tu piel en cada oreo,
aquí sigo esperando
a que el ocaso se ponga de mi lado.

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